jueves, 19 de abril de 2018

5 recomendaciones de Harvard acerca de la educación


Actualmente, el 80 por ciento de los niños consideran que sus padres están más preocupados por su propia felicidad y logros personales, que por ayudar a los demás. 

De acuerdo con un estudio realizado por el psicólogo Richard Weissbourd, de la Universidad de Harvard, existe una brecha muy grande entre lo que los padres dicen y lo que los hijos perciben.

Con esto, el experto demostró que durante los últimos años ha cambiado de manera sustancial el enfoque que se le da a la crianza, dirigiéndolo hacia la satisfacción personal y olvidando las responsabilidades éticas que se tienen como persona. 

Para retomar los viejos principios, formuló cinco breves consejos que siguen los padres que crían niños felices:

1. Los niños aprenden con el ejemplo:
Los valores y comportamientos éticos no se aprenden a través de la teoría, sino observando las acciones de quienes representan para los niños una figura de autoridad, por eso, dice Weissbourd, hay que practicar lo que enseñamos. 

2. Ayúdales a que practiquen:
Para que lo aprendido se convierta en un hábito propio, los niños necesitan la oportunidad de aplicar tus enseñanzas. Una forma de hacerlo, es ayudar a personas en situación vulnerable, que le permita desarrollar su solidaridad y empatía hacia los demás. 

3. Amplía el círculo de preocupación de tus hijos: 
Está bien preocuparse por familiares y amigos cercanos. Sin embargo, debemos concientizar a los niños acerca de la importancia del bien común, y procurar que no existan injusticias en contra de los menos favorecidos. 

4. Enséñales a manejar sus sentimientos:
Con tu ejemplo, enseña a tus hijos a resolver conflictos de manera objetiva, expresando su punto de vista de manera adecuada. Identificando emociones como la ira, la envidia y la frustración evitará ser influenciado por ellas en momentos cruciales. 

5. Potencia la inclinación natural de tus hijos para la amabilidad: 
Durante la infancia, los niños tienen apertura y creen en el bien. No dejes que pierdan ese sentido de amabilidad, y fomenta en ellos el interés por integrar al círculo social a los olvidados, y el de ayudar a quienes lo necesitan.

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¿Cómo mejorar la comunicación con tus hijos?


En plena era digital, la convivencia y la comunicación familiar parecen haberse reducido a los emoticones y caracteres de mensajes electrónicos.

Las exigencias diarias del trabajo y obligaciones del hogar han hecho que actividades recreativas y de convivencia poco a poco pasen a segundo término.

Sin embargo, quienes somos padres no podemos olvidar que nuestros hijos requieren atención y acompañamiento, pues de la relación que entablen con nosotros dependerá su éxito relacionándose con los otros, fuera de casa.

Lograr una comunicación dinámica y respetuosa requiere de paciencia y perseverancia, pero al tratarse de la familia, es una de las recompensas más gratificantes. Consíguela con los siguientes tips:
  • Rían juntos: El sentido del humor, las risas y el optimismo son la base de toda convivencia saludable. Con nuestros hijos, un talante cálido promueve además la confianza y es señal de apertura para tocar cualquier tema.
  • Atención: Debemos recordar que todo comportamiento es muestra de atención; al gritar, ofender o ignorar brindamos una atención negativa. Contrario a eso, pasemos tiempo con nuestros hijos mostremos detalles de afecto como escuchar con atención lo que tienen que decir.
  • Comprensión: Reconozcamos en nuestros hijos a seres individuales que tienen emociones, inquietudes y deseos propios. Conozcamos cuáles son, y mostrémosles apoyo en cada uno de ellos. 
  • Empatía: En momentos difíciles, mostremos a nuestros hijos que estamos aquí para apoyar, antes que reprender. Recordar que fuimos niños y jóvenes nos ayudará a ponernos en su lugar, y orientarlos desde su perspectiva.
  • Sé un buen ejemplo: Recuerda que para ser un buen confidente, amigo y padre, debes empezar por cuidar tu bienestar. Invierte tiempo en tu educación, vida social y relación con otros familiares, para mantener una vida sana y ofrecer lo mejor de ti a tus hijos. 

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5 tips para conseguir el respeto de los niños


Dentro de la dinámica familiar, a menudo confundimos la autoridad que las personas mayores representan para los niños, con el respeto que estos sienten hacia los más grandes.

Sin embargo, el respeto es uno de los elementos más importantes del esquema valoral que rige la convivencia sana con los otros.

Cuando la figura de autoridad y el sentimiento de respeto están ausentes en el entorno de los menores, pueden presentarse problemas de convivencia y disfunción social.

Para evitar esto, los padres debemos hacer mucho más que simplemente exigir respeto. A base del ejemplo, afecto y cercanía, el respeto se puede ganar y transmitir hacia los más pequeños de casa.

  1. Honestidad: A menudo subestimamos la capacidad de comprensión de los niños al responder sus cuestionamientos, y preferimos brindar respuestas falsas o fantasiosas. Suplir las mentiras por explicaciones adecuadas es un buen inicio para fomentar la honestidad y la confianza en ellos.
  2. Modales: Estas expresiones nunca pasarán de moda ni estarán de mas. Practica con tus hijos las frases ‘por favor’, ‘permiso’, ‘gracias’, y verás que, además de adquirir un buen hábito, tomarán conciencia de su valía e individualidad.
  3. Respeto en casa: La dinámica de convivencia entre padres, de padres con abuelos y otros familiares, marca la pauta para la forma en la que los niños han de comportarse. Atestiguar el respeto en un entorno libre de gritos, ofensas y lenguaje altisonante es la mejor manera de normalizarlo para él. 
  4. Diálogo: Escucha sin interrupciones las dudas, quejas y cualquier expresión de tus hijos. Cuando se trate de inconformidades, valora su punto de vista y trata de alcanzar acuerdos sin sobrepasar tu límite de autoridad.
  5. Establece y respeta las reglas: Es normal que existan reglas de convivencia en cada familia. Utilízalas, y respétalas en todo momento, señalando a tu hijo los beneficios y deberes que conllevan. 
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¿Cuál es la capacidad de concentración de los niños?


Tanto en niños como en adultos, la capacidad de concentración determina la efectividad que se tendrá realizando determinada actividad o tarea.

Se trata de la capacidad de poner atención en un tema, y mantenerla durante un cierto tiempo.  Cuando ésta falla, las personas se enfrentan a dificultades para desenvolverse en los ámbitos laboral, social y académico.

Los niños que presentan falta de concentración ven afectado su rendimiento académico, y a menudo se distinguen por rezagarse en la realización de trabajos escolares.

Aunque requiere esfuerzo, al ser una habilidad la concentración puede ejercitarse y desarrollarse hasta alcanzar el nivel deseado. Sin embargo, antes de elevar el nivel de exigencia, padres y maestros deben saber que la capacidad para concentrarse varía con la edad. 

Durante el primer año de vida, una persona puede mantener su concentración hasta 5 minutos, mientras que un niño en edad preescolar la mantiene hasta 25 en un solo tema.

Estudiantes de primaria permanecen atentos entre 30 y 50 minutos; el tiempo aumenta junto con el grado escolar.

Con estos datos, los educadores pueden establecer dinámicas de enseñanza-aprendizaje en las que los datos sustanciales se ofrezcan durante el período de atención.

¿Cómo mejorar la capacidad de concentración en mi hijo?

  1. Define objetivos: Durante la realización de sus tareas y obligaciones, define objetivos que sean fácilmente identificables. Puedes empezar con logros inmediatos, y después prolongar la distancia entre uno y otro. 
  2. Identifica su entorno de concentración: Si detectas que tu hijo tiene mayor enfoque durante un horario y lugar específicos, trata de promover la realización de actividades que requieran concentración en esos espacios.  
  3. Programa descansos: Por más concentración que una actividad requiera, es importante tomar breves lapsos para descansar. Se sugiere que después de 15 minutos de atención ininterrumpida, se tome un pequeño receso que permita recuperar la atención.
  4. Evita distracciones: A la hora de llevar a cabo los deberes, evita encender televisores o reproducir música. Respeta el entorno del niño y libéralo de objetos de ruido. 
  5. Motivación: Reconocimientos verbales o la entrega de algún obsequio son fuente de motivación e indican al menor que está yendo por el camino correcto. 
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¿Qué hacer con la mala conducta?


Aunque el desenvolvimiento escolar de los niños está influido por diversos factores, como son las habilidades cognitivas, entorno familiar y recursos académicos, hay uno en particular que suele definir la capacidad de avance que se logra dentro del aula.

Se trata de los problemas de conducta, originados por un inadecuado control de las emociones del menor, producto de la crianza e incuso de problemas orgánicos.

Hiperactividad, agresividad, rebeldía, acciones violentas y falta de atención durante las clases, son algunos de los síntomas frecuentes de los problemas de conducta. 

Además de disminuir su propio rendimiento, el niño que los padece pone en jaque al resto de la clase, convirtiéndose en un obstáculo común.

Padres y maestros tienen mucho por hacer ante este tipo de casos. Identificar a quien los padece y encontrar una asesoría adecuada son dos de las maneras que tienen de intervenir. 

Algunas otras son las siguientes:
  • Evaluar: El punto de partida debe ser la concientización y comprensión del problema que ocurre. Generalmente, detrás de un niño con problemas de conducta se encuentran carencias afectivas, autoestima baja, padres ausentes y necesidad de atención. Localizar alguno de esos síntomas puede conducir a la raíz del problema. 
  • Establecer una dinámica de convivencia: Entendiendo que existe una disfunción en la convivencia, el docente puede establecer una dinámica de convivencia que implique reglas de respeto y límites de conducta, así como sanciones en caso de incumplirlas. 
  • Desviar la atención: Cuando la conducta problemática se presente, el maestro debe orientar la atención del grupo hacia otras cosas, dando espacio para que el niño afectado se recupere del episodio.  
  • Reconocer avances: A medida en que se vaya logrando una mejor integración y dinámica de grupo, es importante mencionarlo y reconocer el resultado de la disposición y esfuerzo de todos. 
  • Coordinación con padres: Aunque la participación del maestro es crucial para que el niño en cuestión pueda superar el problema de conducta y participe en la dinámica de enseñanza-aprendizaje, la observación y participación activa del núcleo familiar hará que la dificultad pueda superarse con mayor prontitud.

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¿Cómo solucionar la famosa "mamitis"?


Aunque representa uno de los lazos más estrechos e importantes en la vida de los niños, la relación con mamá podría generar un apego difícil de manejar.

La ‘mamitis’ ocurre cuando los niños buscan estar siempre junto a su figura materna. Al verse sin ella, su comportamiento se torna hostil, irritable y de un llanto inconsolable, debido a la inseguridad que les genera la ausencia de mamá.

Generalmente, esta etapa se presenta de manera marcada a los 24 meses de edad. Aunque es pasajera, la mamitis suele comprometer el estado físico y emocional de las madres, quienes se enfrentan a jornadas agotadoras de cuidados y atención.

¿Mi hijo tiene mamitis? 
Expertos definen esta etapa como una fase de inseguridad que el niño atraviesa, aferrándose a la madre en quien halla seguridad y comodidad. 

Detonantes como un cambio de casa, la llegada de un hermano, o la salida de mamá para ir a trabajar pueden desencadenar la mamitis. 

Algunos de sus síntomas frecuentes son:
  • Llora con papá, hermanos o abuelos; sólo quiere a mamá.
  • Permanece aferrado a las piernas o ropas de mamá, mientras ella hace otras actividades.
  • Se irrita cuando mamá convive y expresa afecto a otros.

Si te identificaste con los síntomas, debes saber que el tránsito de la mamitis a una convivencia normal con su entorno, depende de ti.

Para lograrlo, puedes dar pequeños pasos cada día, hasta devolver a tu hijo la seguridad de que todo estará bien mientras se encuentre en el entorno familiar, aún sin estar entre tus brazos.

A través de juegos, puedes fomentar la separación momentánea con tu hijo, y la integración del resto de los miembros de la familia.

En el proceso, la paciencia, cariño y colaboración del núcleo familiar jugarán un papel clave, pues a través de ellos, sin duda llegará el momento en el que tu hijo pueda superar la fase de mamitis.

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¿Tu hijo quiere dejar de estudiar?


La adolescencia es una etapa crucial en la vida de las personas. En ese período se toman decisiones trascendentales como la carrera profesional, el lugar de residencia, y en algunos casos la vida familiar y de pareja.

Algunos adolescentes llegan a experimentar cambios drásticos a nivel físico y emocional, que a menudo vienen acompañados de importantes inquietudes y actitudes rebeldes.

El papel de los padres en estos casos, idealmente es el de ser orientadores. Sin embargo, hay escenarios complicados que hacen titubear hasta al más experimentado tutor. 

Uno de ellos, es escuchar de sus hijos el deseo de no seguir estudiando. Ya sea por confusión, influencia de los pares o expectativas distintas, algunos jóvenes suelen pensar en abandonar la escuela.

En esos casos, lo mejor es identificar el entorno específico de la situación, y pedir ayuda. Toma en cuenta los siguientes elementos:

1. Por qué abandonar la escuela:
Algunos adolescentes encuentran difícil sobrellevar los deberes académicos y obtienen malos resultados. Otros de los motivos frecuentes para dejar de estudiar, son otras aspiraciones como la de integrarse a la vida laboral, o iniciar una carrera artística. Antes de propiciar un desencuentro, averigua los motivos de tu hijo.

2. Agota las posibilidades:
Antes de abandonar la escuela, pide al joven que considere otras opciones. Un cambio de escuela, asesoría académica o actividades extracurriculares podrían cambiar su perspectiva e incrementar su motivación escolar.

3. Plantea consecuencias:
En el caso de los jóvenes que perciben ingresos y consideran que éstos son suficientes para solventar sus gastos, hazles saber que una vez abandonando sus estudios, deberán colaborar en los gastos del hogar. Las matemáticas les podrían indicar que aún no es el momento de enfrentarse a esa responsabilidad, haciendo que concluyan su preparación para aspirar a un mejor empleo.

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5 recomendaciones de Harvard acerca de la educación

Actualmente, el 80 por ciento de los niños consideran que sus padres están más preocupados por su propia felicidad y logros personales, ...